Evaluación en tiempos de cambio
Pablo Ríos Cabrera

Introducción
Actualmente, se está viviendo un cambio de paradigma donde el cognitivismo y el constructivismo destacan la importancia de la subjetividad y de los procesos, de la atención a las diferencias individuales y a la diversidad, la incorporación de las actitudes y los valores, entre otros. Con estos enfoques hay bastante acuerdo en lo teórico, no así en su instrumentación y ésta es una de las fuentes de la controversia. Los nuevos enfoques se orientan a una evaluación alternativa la cual, entre otros aspectos contempla que:
• Los estudiantes participen en el establecimiento de metas y criterios de evaluación.
• Las tareas requieren de los estudiantes el uso de procesos de pensamiento de alto nivel, tales como solucionar problemas y tomar decisiones.
• Con frecuencia, las tareas proveen medidas de las habilidades y actitudes metacognitivas, habilidades para las relaciones interpersonales y la colaboración, tanto como los productos más intelectuales.
• Las tareas deben ser contextualizadas en aplicaciones al mundo real.

Algunas precisiones conceptuales
La evaluación es el proceso que conduce a establecer el valor o mérito de algo.
medir latín metiri significa medida. evaluar viene de valer Evaluar es más amplio que medir y, en la mayoría de las ocasiones, se necesita de una o varias mediciones para llegar a la evaluación. La medición es una descripción cuantitativa de los comportamientos, mientras que la evaluación abarca tanto lo cuantitativo como lo cualitativo e incorpora juicios de valor que afectan la deseabilidad de dichos comportamientos.

Nuevas tendencias y sus implicaciones en evaluación
El centro del proceso educativo no debe ser la enseñanza sino el aprendizaje; que al conocimiento no se accede por la simple transmisión de una persona a otra, sino que se requiere de una participación activa y constructiva del aprendiz (Aznar, 1992; Cooper, 1993; Wilson, 1995; Marchesi y Martín, 1998); que los contenidos deben acompañarse con una reflexión acerca de los procesos cognitivos. Estos procesos son el pensamiento crítico y creativo, la reflexión a partir de la acción, la aplicación de los aprendizajes, la competencia para resolver problemas y para tomar decisiones; los aprendizajes sean aplicados fuera del sistema escolar; es decir, que sean de utilidad en el contexto vital del estudiante aprendizaje significativo, la educación no termina con la adquisición de conocimientos, sino que abarca las actitudes y los valores; es decir, la formación integral del individuo dentro y fuera de la escuela. Desde esta perspectiva, la evaluación supone un proceso reflexivo, cualitativo y explicativo; orientado a procesos, es una evaluación centrada en el análisis y la comprensión e interpretación de los procesos seguidos para el logro de un producto y no únicamente en los resultados.
Sin embargo, uno de los problemas presentes en las innovaciones educativas lo constituye la contradicción entre la prédica constructivista, centrada en procesos cognitivos de alto nivel y la evaluación que, en definitiva, se orienta a medir la memorización de contenidos. Mientras ha habido progresos en las estrategias didácticas que operacionalizan los conceptos anteriores, las prácticas de evaluación han sido más difíciles de cambiar.

De la razón técnica a la perspectiva ética
“Evaluación objetiva”. Los trabajos de evaluación situados en esta perspectiva, adoptaron diferentes denominaciones como: modelo experimental, enfoque sistémico, pedagogía por objetivos o evaluación objetiva. Su ubicación en el paradigma positivista de la ciencia ha llevado a que fuese considerado durante largo tiempo como el único modelo científico de evaluación. Sin embargo, sabemos que la objetividad en la evaluación es relativa por cuanto se trata de una labor humana y, como tal, está sujeta a limitaciones y errores.
A través de la historia, la evaluación educacional se ha desarrollado, más por razones sociales, como medio de selección social y económica, que por motivos educacionales propiamente dichos.
La evaluación, como la educación, nunca es algo neutral.

De la acreditación a la ayuda pedagógica
La evaluación puede ser entendida como un instrumento de control, de acreditación, de ayuda, de clasificación, de selección o de interacción, entre otros la evaluación educativa puede tener dos grandes finalidades: mejorar los procesos, bien sean estos administrativos, didácticos o de aprendizaje, o una función selectiva y clasificadora destinada a verificar el logro de ciertos requisitos, a fin de otorgar calificaciones o certificados.
En la actualidad, la evaluación es un instrumento de control en manos de los educadores, un medio para imponer su autoridad al alumnado y forjar la disciplina. La sociedad ve la evaluación como una acreditación que permite situar a cada alumno en un determinado lugar respecto a los demás.
para qué evaluamos: para clasificar o para ayudar mejor al alumnado. Pero, habría que preguntarse, ¿realmente nos dice mucho conocer que un determinado alumno es de los mejores o los peores del grupo? ¿Mejor o peor en qué? si los ubicáramos en otro grupo, ¿también sería de los mejores o de los peores? Sabemos que no es así. Para ayudar a los estudiantes necesitaríamos, más bien, conocer el progreso de cada uno, las dificultades que se le presentan en el camino, y cómo las puede ir venciendo. En este sentido, lo fundamental de la evaluación es observar y reflexionar con el estudiante, durante la realización de su labor, captar sus acciones y reacciones, percatarse de sus opiniones e intereses, descubrir sus procesos de razonamiento, sus dificultades y capacidades, ofrecer retroalimentación sobre su ejecución y determinar las estrategias didácticas más adecuadas para subsanar las dificultades y potenciar las capacidades.

Evaluación para el aprendizaje estratégico
El aprendizaje es una actividad estratégica característica de la construcción significativa del conocimiento, propia de toda actividad intencional, que les sirvan para planificar y orientar sus acciones. (Mauri, 1996).
Se entenderá el aprendizaje como un cambio en el potencial de conducta, resultante de la práctica o de la experiencia. Bajo la perspectiva constructivista, el error es una importante fuente de aprendizaje en cuanto sirva como catalizador de la duda, la autocrítica y la reflexión, el desequilibrio cognitivo y la toma de conciencia. Para que el error cumpla su función educativa debe estar acompañado por la retroalimentación, retroinformación o retroacción; lo que se persigue con la retroalimentación es la promoción de la reflexión acerca de lo que el estudiante hace, de sus procesos y progresos (Callejo, 1996).
La retroalimentación puede ser utilizada para ayudar al sujeto a reflexionar sobre los resultados de sus estrategias. En los actuales enfoques educativos se considera que los procesos de control o ejecutivos, directivos y reguladores de otros procesos subordinados, que funcionan, en cambio, de manera mecánica y automatizada, parecen constituir la clave de un aprendizaje inteligente, productivo y creador, capaz de adaptarse a demandas cambiantes y complejas del medio.
La evaluación puede asumirse, en esencia, como un proceso de retroalimentación sobre la actuación del aprendiz, el cual está destinado a promover la autorregulación de sus estrategias cognitivas. La autorregulación se refiere a los procesos metacognitivos del individuo; abarca el establecimiento de las metas, la selección o producción de estrategias y de la supervisión y autoevaluación de la eficiencia en el procesamiento de la información y la solución de problemas. Las estrategias cognitivas pueden ser definidas como el conjunto de acciones internamente organizadas que el individuo utiliza para procesar información y para controlar o autorregular dicho procesamiento (Ruiz y Ríos, 1994).

De la evaluación externa a la autoevaluación
Los lineamientos de Piaget, Kohlberg (Kohlberg, 1992; Hersh, Reimer, y Paolitto, 1984) establece tres niveles para el desarrollo moral. En el nivel preconvencional el individuo se orienta hacia la obediencia como medio para evitar el castigo. En el nivel convencional el sujeto, lo importante es ser visto como una buena persona por los demás, a fin de obtener su aceptación. Por último, en el nivel postconvencional del juicio moral. Se reconoce la diversidad de valores y opiniones como relativas al grupo de pertenencia. Apoya en la propia conciencia.
Con frecuencia la evaluación se usa como medio de control y de sumisión, el principio a seguir debe ser que haya una preocupación constante por que sea el propio estudiante, vaya asumiendo el enjuiciamiento de su actuación. En este sentido, adquiere relevancia la autoevaluación.
Parece obvio decir que el alumno debe saber, desde el inicio de un período, en qué será evaluado y a qué responderá su calificación. No obstante, muchos alumnos no son conscientes de lo que deben hacer para aprobar, sencillamente porque nadie se lo ha comunicado. De pronto se enteran, por ejemplo, que las faltas de ortografía eran un elemento decisivo de su calificación; sin embargo, eso era algo que debían haber adivinado por cuanto, algunos profesores, aún en la actualidad, no hacen explícitas las reglas del juego. La calificación no puede salir de una fórmula subjetiva que sólo el profesor conoce, sino que, desde la elaboración del proyecto institucional, deben quedar expuestos los compromisos sobre: criterios de evaluación, criterios de información de los resultados y criterios de promoción.
En este sentido, se impone la necesidad de la negociación; en efecto, la evaluación siempre requiere de transacciones y compromisos. Por ejemplo, si se usa el portafolio (Quintana, 1996) habrá que negociar con el estudiante cuál considera que es su mejor trabajo del día, de la semana o del ciclo e incluirlo en su portafolio, se pueden convenir también los criterios a utilizar para evaluar los trabajos y, más aun, se puede llegar a acuerdos conjuntos acerca de la ponderación de cada criterio.

La evaluación como parte del proceso educativo
Se ha de evaluar no solamente los resultados sino los objetivos inicialmente previstos, las condiciones, las estrategias didácticas y los diferentes medios de su puesta en acción. Ello aporta información sobre los alumnos, las estrategias didácticas, sobre el proceso educativo y sobre todos los factores personales y ambientales que inciden en dicha actividad. En el caso de que no se consigan los resultados esperados, la evaluación debe servir para replantearse la programación, especialmente en el sentido de ajustar mejor la intervención, la ayuda que el profesor ha de facilitar a los alumnos.

A manera de conclusiones
• Se entiende que la construcción del conocimiento involucra un esfuerzo para organizar la información recibida, a fin de aplicarla en la comprensión de un fenómeno o en la solución de una tarea.
• E l valor educativo de un programa, una institución o una actividad educativa, no puede basarse únicamente en la cantidad y la calidad de los aprendizajes de los alumnos, aun cuando este sea un resultado muy importante. El valor educativo va más allá del aprendizaje de los alumnos o de los receptores del programa. En este sentido, la evaluación indaga acerca del significado del programa mismo, por medio de su conocimiento y la reflexión sobre su desarrollo, sus características, sus circunstancias materiales y humanas, sus logros y errores. Se busca así favorecer la reflexión y el debate de los participantes y su aprendizaje a partir de su propia experiencia.
La evaluación rigurosa y objetiva de los resultados observables al final de un período lectivo no logra detectar sino una mínima parte de los efectos reales del proceso educativo, la mayoría de éstos se manifestaran de forma muy diversa, compleja y prolongada en el tiempo.
1 Response
  1. hola muy buenas noches profesora interesantes las pinturas y muy bueno el blog biiie juaNOO0o0O---->>..


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