El aprehendizaje: Es un proceso adaptativo mediante el cual, construyendo el conocimiento de la realidad, del mundo, el sujeto se construye a sí mismo como ser humano.
Aprendizaje situado: Situar el aprendizaje dentro de las posibilidades reales del estudiante.
El aprendizaje significativo: Es el proceso por el cual un individuo elabora e internaliza conocimientos haciendo referencia no solo a conocimientos, sino también a habilidades, destrezas, etc. en base a experiencias anteriores relacionadas con sus propios intereses y necesidades.
Desde la postura constructivista: El aprendizaje puede facilitarse, pero cada persona reconstruye su propia experiencia interna, con lo cual puede decirse que el conocimiento no puede medirse, ya que es único en cada persona, en su propia reconstrucción interna y subjetiva de la realidad. Por el contrario, la instrucción del aprendizaje postula que la enseñanza o los conocimientos pueden programarse, de modo que pueden fijarse de antemano unos contenidos, método y objetivos en el proceso de enseñanza.
Hablar de aprendizaje significativo nos obliga a revisar la noción de mediación, ya que por alguna razón -que no acabamos de comprender- a esta noción educativa se le han otorgado unos atributos que según creemos no tiene. Se dice –por ejemplo- que el maestro media conocimientos, pero ya hemos visto como los conocimientos no están predeterminados en los objetos ni en la estructura cognitiva de quién los aprehende, sino que éstos son el producto de una construcción desarrollada por el propio estudiante, por tanto no existe conocimiento alguno que mediar previo a la construcción del mismo. De modo que, si el maestro no media conocimientos ¿qué media? Si por mediación se están entendiendo los esfuerzos del maestro por crear condiciones propicias para que el estudiante construya conocimiento, entonces tal mediación se refiere únicamente a cómo se provee de un medio, y aun esto es dudoso ya que el medio es algo que también el estudiante construye bajo las mismas operaciones cognoscitivas antes analizadas. Por otro lado, si por mediación se está entendiendo aquella acción del maestro para proveer al estudiante de determinadas herramientas, sean estas físicas o psicológicas, entonces mediar aquí ha de entenderse únicamente como poner en medio, es decir, entre el objeto de aprendizaje y la estructura cognitiva del estudiante, unos ciertos instrumentos.
Así, nos parece que la noción de mediación no tiene el atributo adjudicado de proveer conocimientos, ni siquiera el de organizar el aprendizaje ya que éste se organiza por el propio estudiante a partir de su interés por aprender una determinada cosa. Proveer el interés por aprender, -si así es como se quiere entender mediación- nos resulta todavía más difícil de conseguir. Si no se pueden transmitir conocimientos, menos se puede “colocar” un interés donde no lo hay. Pueden, eso sí, asociarse las necesidades del estudiante a un determinado producto educativo (contenidos), tal como lo hacen los publicistas con los anuncios, asociando un auto lujoso a las necesidades de reconocimiento de un potencial cliente, pero este tipo de estrategias, aunque muchos maestros las realizan, no nos parece que constituya la esencia de las acciones de un buen maestro, menos aún de un buen maestro universitario que supone fomentar la capacidad crítica de los estudiantes.
De modo que no creemos que sea posible mediar, y menos todavía proveer, aprendizajes significativos. No nos parece que los aprendizajes significativos sean una consecuencia directa de lo que un maestro hace o deja de hacer, como quiera que se entienda la noción de mediación, sino de lo que un estudiante hace o deja de hacer a propósito de unos contenidos temáticos, pero sobre todo, de lo que está ya presente en su umbral de desarrollo como necesidad personal de adaptación a su propio mundo. Tampoco creemos que cambiar el término de mediación por otro muy común en la educación, facilitar, modifique sustantivamente lo aquí afirmado.
Más bien creemos justo lo contrario, es decir, que no es posible mediar ni facilitar el aprendizaje significativo, sencillamente, porque el maestro no puede mediar ni facilitar las necesidades cognoscitivas intrínsecas del estudiante que fundan sus procesos de adaptación. Puede proveer las herramientas físicas o psicológicas que supone que el estudiante necesita, pero la consecuencia de esta acción fundada en tal suposición puede resultar muy azarosa, ya que bien puede el estudiante estar necesitando herramientas muy distintas de las que el maestro supone. Mucho ganaría la praxis educativa si el maestro se preocupara por escuchar al estudiante y por responder lo más cerca posible a las necesidades cognoscitivas del estudiante siendo consciente de que lo hace desde los propios marcos teórico-prácticos de entendimiento y resolución de la realidad que el maestro tiene asimilados y que practica en su mundo profesional. No olvidemos que también el maestro está en proceso continuo de adaptación, y por tanto de aprendizaje con “h”, en los mismos términos aquí analizados. Al enseñar, el maestro está -en el mismo acto- aprehendiendo realidades, haciéndolas propias, y por tanto, construyéndose también a sí mismo.
Ahora bien, una vez expuestas nuestras reservas respecto de la noción de mediación, queremos ahora analizar la noción de aprendizaje significativo a partir de la forma como se entiende en el ámbito educativo. Al respecto debemos consignar al menos dos formas.
Carl R. Rogers, fundador del enfoque educativo de la psicología humanista-existencial denominado genéricamente “Educación centrada en el estudiante”, afirma en su segunda hipótesis: "Una persona aprende significativamente sólo aquellas cosas que percibe como vinculadas con la supervivencia o desarrollo de la estructura del sí-mismo (self)". Luego, en su tercera hipótesis, el propio Rogers vuelve a postular la misma idea sólo que ahora expresada en términos de resistencia: "Tendemos a resistir a la experiencia que, al ser asimilada, implicaría un cambio en la organización del sí-mismo, a través de la negación o de la distorsión de la simbolización. La estructura y organización del sí-mismo parecen hacerse más rígidas frente a las amenazas, y relajar sus límites cuando hay una ausencia absoluta de amenazas. La experiencia que se percibe como incongruente con el sí-mismo sólo puede ser asimilada si la organización habitual del sí-mismo se relaja y se expande para incluirla".
Estas dos hipótesis se ligan de manera muy importante a la primera: “No podemos enseñarle a nadie directamente, sólo podemos facilitar su aprendizaje”, y constituyen el núcleo fundamental de la noción de facilitación de éste y otros enfoques educativos humanistas. De tales hipótesis el propio Rogers ha desprendido que la primera tarea del maestro es crear condiciones en el aula que no amenacen la estructura del sí-mismo del estudiante. Así lo expresa en su cuarta hipótesis: "La situación educativa que promueve más eficazmente un aprendizaje significativo es aquella en que 1) las amenazas al sí mismo del estudiante se reducen a un mínimo, y 2) se facilita la percepción diferenciada del campo de la experiencia".
Rogers mismo busca clarificar estas ideas usando un ejemplo iluminador: "supongamos –señala él- que la información que se proporciona se refiere a la topografía de cierta región. ¡Cuán diferente será el aprendizaje de un grupo que atiende porque tiene la obligación de seguir un curso de geografía, del de un batallón de infantería que tiene que ir a esos montes y valles para luchar contra el enemigo! La implicación del sí-mismo es muy escasa en el primer grupo, y muy profunda en el segundo".
En este sentido pues, compartimos con Rogers que un aprendizaje pueda ser más significativo que otro en función del grado de vinculación que guarde éste con la sobrevivencia o el desarrollo del sí-mismo, pero no compartimos la idea de que pueda haber aprendizajes que no sean significativos en absoluto como lo supone su segunda hipótesis.
Por otro lado, Ausubel, constructivista como Piaget, ofrece otra manera de entender la noción de aprendizaje significativo: "Cuando una nueva idea a –postula él- se aprende de una manera significativa relacionándose e interaccionando con una idea establecida pertinente A de la estructura cognitiva, las dos ideas se modifican y a se asimila a A, la idea ya establecida". Ello quiere decir, en sus propias palabras que "el aprendizaje (…) de carácter significativo depende, en primer lugar, de relacionar material nuevo y potencialmente significativo con ideas pertinentes de la estructura cognitiva del estudiante".
Estas dos formas de definir lo que es el aprendizaje significativo, aunque parecen ser muy distintas, si consideramos lo ya analizado antes a propósito del aprehendizaje con “h”, veremos que las dos se refieren a lo mismo; de hecho, ambas formas, tanto la humanista como la constructivista, están recogidas en los trabajos de Ana María González a propósito de lo que ella considera son las dos primeras características del aprendizaje significativo: " 1) Se asimila en el plano del ser. (…) ) Se integra a conocimientos anteriores”.
Así pues, fundados en lo que hemos analizado al respecto, podemos afirmar que la estructura del sí mismo –como la llama Rogers- no es otra cosa que la estructura cognitiva de Ausubel donde, según Piaget, se reorganizan los esquemas de asimilación en virtud de la acomodación de éstos a la realidad construida por el propio sujeto al construir el conocimiento, es decir, al desarrollar cualquier aprendizaje apropiándose –como ya lo expusimos- de esa misma realidad construida para hacerla parte de sí mismo: “Llamaremos acomodación –postula Piaget- a toda modificación de los esquemas de asimilación por influencia de las situaciones exteriores (medio) a las cuales se aplica”. La asimilación de nuevos significados a los viejos y la acomodación de los viejos a los nuevos, implica la actualización del sí-mismo del sujeto cognoscente en tanto que es en esta organización de esquemas para interpretar y comprender la realidad que el sujeto tiene su fundamento vital como ser bio-psico-social.
En virtud de estas consideraciones pues, es que creemos que todo aprendizaje tiene siempre algún grado de significación para cada sujeto[C1] . Obviamente hay aprendizajes que sólo son importantes para los estudiantes universitarios porque es necesario aprobar una materia determinada. Todos hemos pasado por asignaturas odiosas que hemos tenido que aprender aunque sea sólo de manera discursiva y memorística, pero aun en estos casos, la importancia que han tenido esos aprendizajes obligatorios esconden algún significado. Otro caso puede ser el dato de un número telefónico deseado –ejemplo que ya dimos antes- que si bien es apenas un dato de 8 dígitos, significa para el adolescente un ámbito de posibilidades de realización personal.
En este sentido pues, no hay desde nuestro punto de vista, aprendizajes no-significativos. Que las razones para llamar a un aprendizaje “significativo”, sean que en tal aprendizaje se asimilan significados nuevos a los viejos reconstituyéndose así como significados nuevos, o que la estructura del sí mismo se ha desarrollado en base a haberse re-organizado en sus propios esquemas de acción, o que simplemente lo aprendido satisface una necesidad, no cambia el hecho de que todo aprehendizaje con “h” ha implicado necesariamente una apropiación de la realidad construida durante el momento de la adaptación, donde tal construcción es asimilada al mismo tiempo que el sujeto se acomoda a ella, re-organizando así la propia estructura cognoscitiva de los esquemas de entendimiento de la realidad que no es otra cosa que el sí-mismo del sujeto
Sobre estos conceptos, sólo una palabra más. Cuando usamos la noción de estructura cognoscitiva, no nos estamos refiriendo únicamente a una organización de esquemas abstractos de conocimiento puro desarticulados de las emociones, o de esquemas que se organizan respecto de las abstracciones construidas en tanto conocimiento conceptual sin conexión alguna con los afectos y las pasiones, sino que en tal estructura se encuentran comprometidos todos los niveles de la dinámica intra-psicológica humana: lo psico-motor, lo afectivo, lo imaginativo y lo valoral, además de lo estrictamente conceptual. En este sentido, compartimos con Flavell su modo de entender a Piaget: "De este modo, -señala Flavell- el afecto y la cognición pueden separarse con propósitos analíticos, pero son indisociables en la vida real; ambos se hallan forzosamente comprometidos con toda adaptación humana. El aspecto afectivo-motivacional proporciona la energétique del comportamiento, mientras el aspecto cognoscitivo proporciona la estructura (la afectividad no puede crear estructuras por sí misma, aunque influye en la selección del contenido de realidad sobre el que operan las estructuras)".
Ahora bien, sin entrar al análisis problemático de esta última parte en la cita de Flavell, enfatizamos el carácter holístico que supone cada adaptación humana. Por ello, nos seduce la concepción que Edgar Morin tiene del ser humano al concebirlo como un ser complejo en autoconstrucción evolutivo-dialógica donde la razón y la locura tienen asiento: “La dialógica sapiens-demens –afirma Morin- ha sido creadora al tiempo que destructora. Razón y locura ni siquiera se excluyen una a otra. Demens a menudo ha inhibido aunque también en ocasiones ha favorecido a sapiens”.
[C1]No hay
aprendizajes no-significativos
Excelente tu ensayo tienes una idea muy clara de los aprendizajes, felicidades
ATTE
MTRO SALVADOR
TUTOR GPO60M2
P.D. PORQUE HAY TANTO ESPACIO ENTRE UN ESCRITO Y OTRO? TRATA DE SOLUCIONAR ESE PROBLEMA POR FAVOR